Skip to main content

El ejercicio avanza con ajustes discretos pero relevantes: alivio para rentas bajas, más presión sobre el ahorro y un salto en la vigilancia digital

El calendario fiscal de 2026 encara su tramo central sin una gran reforma sobre la mesa, pero con cambios que, en la práctica, ya están alterando la relación entre contribuyente y Administración. Lejos de titulares llamativos, el año se está definiendo por ajustes técnicos y un refuerzo claro del control tributario.

En el IRPF, la tendencia es doble. Por un lado, se amplían los beneficios para rentas bajas, especialmente en torno al salario mínimo. Por otro, se incrementa la tributación del ahorro en los tramos más altos, que alcanzan ya el 30%. El resultado es un sistema que gana progresividad sin tocar los tipos generales.

En paralelo, el Ejecutivo ha optado por mantener los incentivos fiscales que ya venían aplicándose en ejercicios anteriores. Las deducciones por rehabilitación energética, vehículos eléctricos o instalación de puntos de recarga continúan vigentes, consolidándose como uno de los pocos elementos estables del marco tributario actual.

Pero el verdadero giro del año no está en los tipos, sino en el control. Hacienda ha intensificado la supervisión sobre nuevas formas de actividad económica y financiera: criptomonedas, plataformas digitales, alquileres turísticos y pagos a través de aplicaciones como Bizum están ya bajo un seguimiento mucho más exhaustivo. El cruce de datos gana peso y reduce, en la práctica, el margen de error del contribuyente.

Para empresas y autónomos, el escenario tampoco cambia en términos de presión fiscal directa, pero sí en obligaciones formales. Aumentan los requerimientos de información y la trazabilidad, en un contexto en el que la digitalización de la Agencia Tributaria sigue avanzando. La implantación obligatoria de la factura electrónica se retrasa, pero su llegada es ya inevitable.

En materia de IVA, el Gobierno mantiene las rebajas fiscales aplicadas a suministros básicos como la electricidad y el gas, al menos durante parte del ejercicio. También continúan algunas medidas sobre carburantes, aunque con carácter temporal.

Los autónomos, por su parte, siguen inmersos en la transición hacia un sistema de tributación basado en ingresos reales. Aunque se han flexibilizado plazos, el cambio de modelo continúa su curso.

En conjunto, 2026 se perfila como un año de continuidad en tipos, pero de cambio en el modelo de control. Más que cuánto se paga, la clave está en cómo se declara. Y en ese terreno, Hacienda ha dejado claro que el margen para el error es cada vez menor.